Hacer que suceda: en memoria de David Garza Lagüera
Q.E.P.D. 1935-2026

El fundador del Centro Eugenio Garza Sada, que combinó el espíritu empresarial con una vocación social que abarcó desde la conservación ambiental hasta la participación ciudadana, falleció a los 90 años.
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Don David solía repetir una frase que se volvió su sello: “make it happen”, haz que suceda. Una filosofía que lo acompañó toda su vida para convertir proyectos en realidades, fracasos en aprendizajes y privilegios en oportunidades de servicio.
Nació el 1 de mayo de 1935 en Monterrey, siendo el séptimo de los ocho hijos de Eugenio Garza Sada y Consuelo Lagüera Zambrano. Creció en una familia clave para la industria regiomontana y nacional desde que su abuelo Isaac Garza fuera uno de los fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc en 1890.
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Estudió en lugares que exigían fortaleza y liderazgo: la Western Military Academy, el Tec de Monterrey durante su carrera universitaria; así como estudios de continuidad en el MIT y el IPADE. Desde entonces ya destacaba por su sencillez, su carisma y su sentido del humor. En el anuario de la escuela militar, por ejemplo, se describió lo más destacado de cada estudiante, y del joven David dice: “Es una de las personas más alegres, leales y queridas en todo el campus, tanto por alumnos como por los maestros”. Esa forma de ser lo acompañó toda su vida, y fue una de sus características como líder.
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Hacer empresa desde la tenacidad
La inquietud y empuje para hacer que las cosas sucedieran estuvo latente desde su juventud. Su primer trabajo fue en Malta, una empresa de la Cervecería Cuauhtémoc de la que llegó a ser el director general. Ahí comenzó en un puesto menor, en el que le gustaba aprender de producción y manufactura e incluso meterse a los vagones del tren para ayudar a descargar materiales.
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Desde entonces, destacaba por la personalidad que lo distinguía: modestia al conducirse, y un gran carisma para hacer negocios y amistades.
“Alto, galán, bien vestido, con mucha clase y además respetuoso. Muy humano, simpático, hasta bromista. Solo con verlo te hacía sonreír. Era serio cuando era necesario, pero al tratarlo era tan cercano que hasta se ponía a cantar. Era alguien que se preocupaba por la gente, el tipo de jefe con el que todos quieren trabajar”, recordaba una secretaria ejecutiva en un testimonio recogido por el historiador César Salinas.
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Ese carisma natural siempre estuvo acompañado de trabajo duro, y la sencillez de su trato le ganó el respeto, y sobre todo, el cariño de mucha gente. Sus colaboradores lo describen como “un maestro que pule a las personas”.
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En los años 70, David consideró que era el momento de crear sus propios negocios, buscando la autonomía para dejar un patrimonio para sus hijos. Tras conversar con algunos empresarios para identificar un nicho en el cual iniciar, decidió seguir el consejo de su suegro, Alberto Santos González, quien le recomendó incursionar en la industria inmobiliaria, en la que él participaba.
La única experiencia que Garza Lagüera tenía en el tema, era su participación en los programas de autoconstrucción que inició su padre en los años 60, orientados a que las personas de ingresos bajos tuvieran acceso a recursos económicos, materiales, técnicos y de capacitación para edificar y mejorar sus viviendas por sí mismos. Este apoyo fue esencial en una época en la que la demanda de vivienda era urgente, no existían instituciones gubernamentales en este segmento, y los programas sociales de las empresas no cubrían a la población en general.
Heredero del espíritu emprendedor de sus antepasados, y poseedor de una amplia experiencia directiva, David Garza Lagüera formó la empresa Gemini en 1975, dedicada a proyectos inmobiliarios. Los activos de la compañía eran completamente de su familia, y él ocupó el cargo de presidente del Consejo. Sus primeros pasos como empresario no fueron nada fáciles. David comenzó comprando algunos terrenos en la Sierra Madre, en donde comenzó el primer proyecto inmobiliario, el residencial Villa Montaña, en San Pedro Garza García.
La construcción comenzó en 1977, y las actividades de escrituración terminaron oficialmente en 1981. Para los vecinos, el proyecto fue todo un éxito, pues a inicios de los años noventa, Villa Montaña tenía uno de los plusvalores más altos en toda la ciudad, generando mayor valor a sus propietarios, tanto para los que vivían ahí como para los que rentaban los inmuebles. Desgraciadamente, el éxito comercial no significó un éxito financiero para el empresario, pues el país experimentó una alta inflación y padeció las consecuencias de la crisis económica mundial que se agudizó a inicios de los años ochenta.
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Su camino empresarial también tuvo tropiezos y dificultades que fueron forjando su tenacidad. Industrias Intercontinental, su empresa de pisos cerámicos, no pudo mantenerse al día con los rápidos cambios tecnológicos. Industria Técnica Lumínica, compañía dedicada a producir postes y luminarias, logró ser líder en su mercado, pero después de un tiempo se perdió.
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Posteriormente adquirió MADISA, empresa que llevó a convertirse en el distribuidor de maquinaria y equipo más importante a nivel nacional.
La gente dice que su liderazgo era magnético, inspirador. Incluso su padre, Eugenio Garza Sada, lo enviaba a cerrar los tratos más complejos, pues confiaba en su carisma y capacidad para llegar a acuerdos.
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Hablar de Don David es hablar de alguien que hizo de la planeación una disciplina, del trabajo una vocación, de la visión a largo plazo una ventaja competitiva, y del servicio a los demás, su propósito de vida. Su energía era inagotable. Su modestia, sorprendente. Don David tenía la inusual habilidad de hacer sentir a los demás capaces de lograr lo imposible.
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Incluso se recuerda que en las horas más oscuras que vivió MADISA durante los años ochenta en un contexto de crisis económica, con la empresa al borde de la quiebra, los asesores externos llegaron a una conclusión lapidaria: “la empresa no tiene razón de ser, debe cerrarse”. David Garza Lagüera tomó un momento, miró a todos en la sala de juntas y resolvió: “Nosotros seguimos adelante”. La historia le daría la razón.
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A la par de sus negocios, David mantuvo sus acciones en Valores Industriales S.A. (VISA), antecedente de Grupo Femsa, en donde ocupó varios cargos como la presidencia de la División de alimentos y la División de empaques, y participó como consejero en organizaciones como Financiera Crédito Monterrey, Banca Serfín y Movimiento de Promoción Rural A.C.
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Quienes lo conocieron en el mundo laboral coinciden en que David manifestaba su personalidad en la oficina, siendo una persona empática, solidaria, graciosa y de un espíritu alegre que transmitía optimismo a sus equipos. El empresario procuraba establecer estrechas relaciones con sus empleados, quienes sabían que podían contar con él para pláticas casuales, laborales e incluso hablar de sus necesidades, pues Garza Lagüera estaba comprometido en contribuir a su desarrollo personal, familiar y profesional. En su opinión, una empresa debe prosperar junto con su gente, y el empresario acostumbraba mantenerlos altamente motivados para alcanzar metas más ambiciosas cada año, compartiendo los beneficios con todos.
Sus negocios no fueron su única preocupación. El empresario notó que las crisis económicas y la competencia global estaban disminuyendo el emprendimiento en México, ahogando la creación de valor. Solo las personas con acceso a suficiente capital podían abrir un negocio, las cuales eran un porcentaje muy pequeño de la población. Fue por ello que David fundó Asesoría Dinámica a Microempresas (ADMIC Nacional A.C.) en 1979, junto a Alberto Santos de Hoyos y Alfonso González Migoya. David fue el presidente del Consejo de ADMIC, la primera microfinanciera en México, diseñada como un organismo sin fines de lucro.
Los primeros años de la institución fueron muy complicados, pues en México no existían los medios legales ni contables para canalizar recursos directamente a los emprendedores, vía la banca comercial. Sin embargo, la iniciativa tuvo tanto éxito que se firmaron acuerdos con cámaras empresariales, bancos, instituciones financieras y gubernamentales para aumentar su capacidad de ofrecer créditos, y emprendió una expansión nacional con 17 oficinas en diversas ciudades.
Su balance fue sumamente positivo, pues en 30 años, ADMIC otorgó más de 315 mil créditos, además de capacitación, asistencia técnica y asesorías a un sector olvidado por las políticas públicas y rechazado por los bancos en ese entonces: familias, microempresas y emprendedores. Paradójicamente, este segmento había crecido tanto por las crisis económicas, que para los años 80 representaban a la mayor parte de los negocios en México, y generaban la mayoría de los empleos.
Eventualmente, Don David comenzó a delegar responsabilidades empresariales a sus hijos, asumiendo la presidencia de empresas y formando parte de los Consejos de los nuevos emprendimientos e inversiones que fue realizando su familia.
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Hacer una conexión con la naturaleza
Don David disfrutaba estar en contacto con la naturaleza, desde disfrutar de los paisajes de distintos lugares en el mundo, hasta pasar días enteros en su rancho, con su familia y amigos. Incluso tuvo una reconocida pasión ecuestre que compartió con sus hijos David y Federico, misma que lo llevó a fundar el Centro Ecuestre San Pedro en 1975. Del mismo modo, fue uno de los fundadores del Club Deportivo San Agustín en 1977, en su momento el más grande en su tipo en México, semillero de atletas y deportistas.
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Su compromiso con la conservación ambiental se reflejó en acciones: apoyó a la Universidad de Texas para realizar el primer estudio serio para el conocimiento y comportamiento del oso negro mexicano, logrando establecer prácticas para la convivencia de esta especie -emblemática para Nuevo León- y la ganadería. También colaboró con el Departamento de New Mexico Wildlife para lograr la primera reintroducción exitosa a México del Elk wapiti o ciervo canadiense, con el objetivo de que se reprodujera en el país.
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Fue miembro del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, y Consejero de Caesar Kleberg Wildlife Research Institute de la Universidad de Texas. En 1999 recibió la Medalla Presidencial al Mérito Ganadero en reconocimiento a su aporte al desarrollo y la conservación de la vida silvestre en México.
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En el marco de este legado, la Fundación Mundo Sustentable y Promotora Ambiental (PASA), en coordinación con Grupo Delta y MADISA, establecieron en 2023 la primera edición del Premio Nacional a la Investigación en el Desarrollo Sustentable y Economía Circular “David Garza Lagüera”. Contando con cinco categorías, el Premio reconoce a las investigaciones originales realizadas en la que se fomente o facilite, con un visión innovadora, la implementación efectiva de los objetivos de desarrollo sustentable y de la economía circular en México.
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Hacer una sociedad responsable, participativa y solidaria: el Centro Eugenio Garza Sada
“Trabajamos para mejorar a la comunidad en todos los sentidos” -David Garza Lagüera
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El Centro Eugenio Garza Sada (CEGS) nació con el propósito de impulsar un cambio para México desde una forma de pensar y de actuar que conecta y trasciende generaciones: el liderazgo humanista.
Este fue el proyecto ––con gran convicción y significado personal–– con el que Don David declaró que deseaba cerrar su vida profesional.
Le dedicó cariño y su conocida tenacidad no sólo a recuperar la casa histórica de la colonia Obispado donde vivió su infancia (la primera en Monterrey hecha con estructura de acero), sino a volverla un símbolo de los valores con los que líderes regiomontanos impulsaron el desarrollo económico y social a la par.
Durante la etapa fundacional y los primeros años de la institución, el liderazgo de Don David logró contagiar el entusiasmo y la causa a la propia familia, así como a múltiples donantes que con generosidad hicieron posible el rescate de este gran legado.
Hoy el Centro Eugenio Garza Sada se ha consolidado como una institución dedicada a potenciar la capacidad transformadora de empresarios y líderes para generar una sociedad responsable, participativa y solidaria.
Nuestra institución resguarda este legado de liderazgo humanista de la forma en que Don David lo hizo: poniendo las ideas, los valores y su práctica en el centro, desde la modestia y concentrados en hacer que las cosas sucedan.
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El legado que inició nuestro primer Presidente hoy se expresa a través de tres iniciativas: La Casa de Liderazgo Humanista, dedicada a formar nuevas generaciones de líderes; la Iniciativa Capitalismo Social, que forma empresarios y directivos comprometidos con generar desarrollo humano y económico a la par; y el Centro de Información para el Desarrollo Económico y Social (CIDES), que rescata y promueve el legado de líderes para inspirar a nuevos liderazgos enfocados en mejorar su entorno.
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Hacer una vida memorable
En el emprendimiento y los negocios que siguen generando riqueza y trabajo digno; en los osos y ciervos que hoy recorren las sierras de Nuevo León y el noreste de México, en los colaboradores que tanto lo apreciaron, en las amistades que cultivó por décadas y sobre todo, en una familia unida, Don David perdura.
Para los hijos que formó junto a Yolanda Santos de Hoyos —David, Alberto, Federico, Yolanda y Marcela— no fue simplemente el “mejor papá del mundo”, sino un gran compañero, maestro y amigo. Con una mezcla de disciplina y amor, les mostró con su ejemplo cómo debían ser: trabajadores, disciplinados, respetuosos, generosos, comprometidos con la sociedad.
Para él, su familia era lo primero, y disfrutaba enormemente de sus nietos y bisnietos, quienes alegraban su día “con tan solo verlos, aunque sea a través de una pantalla”.
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El historiador César Salinas escribió sobre él: “aprendió que el éxito se mide con estándares que van más allá de lograr metas en los negocios. Ha sabido usar el privilegio para servir, no para servirse”.
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Le sobreviven su amada esposa, Norma Alanís, sus cinco hijos, sus hermanas Alicia y Consuelo, y un extenso grupo de nietos y bisnietos.
Fue un gran ser humano que a lo largo de su vida, un ejemplo de modestia, calidez, empatía y generosidad, quien trataba a todas las personas con el mismo respeto y dignidad. Será una persona recordada por cómo hacía sentir bien a los demás, y por lo que sembró en el corazón de sus amigos, familiares y colaboradores. Su espíritu y legado humanista harán que muchas otras cosas buenas sigan sucediendo.
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*Parte de este texto se basó en “David Garza Lagüera. Un gran ser humano”, por César Salinas, Director del CIDES, que fue leído durante un homenaje a Don David realizado en su 84 aniversario.
